martes, 15 de diciembre de 2015

Segundo intento con los aloes

El invierno pasado los aloes lo pasaron muy mal. A pesar de estar plantados al sur, con una piedra que les protege del norte y les hace de masa térmica, y de que les puse placas de pizarra detrás para aumentar la masa térmica, sufrieron con las heladas y alguno hasta se murió. El que mejor lo pasó fue uno al que le puse una ventana para aumentar el efecto del microclima.

Pero yo no me rindo y vuelvo a la carga. Hasta ahora las temperaturas han sido suaves, pero se avecinan los fríos y quiero encontrar una forma de proteger mejor a mis aloes.

Señoras y señores, les presento, el horno solar casero:


Un amigo (¡Hola, Javier!) lo hizo él mismo y me lo regaló el verano pasado. Está construido de tal forma que el fondo se puede retirar fácilmente y en cuanto lo vi pensé que se podría usar como concentrador de rayos solares para alguna planta que guste del calor.


Así que le quité el fondo...
 Aunque en la foto parece que estoy bailando la jota.

...y me lo llevé al cementerio de los aloes.


Los aloes están bien, pero ya empiezan a sufrir con el frío.


Elegí el aloe que ya había protegido el año pasado con la ventana y le coloqué el horno encima. En esta foto veis cómo asoma por el agujero.


 Queda así, un poco NASA, pero si funciona me doy con un canto en los dientes.


 Dentro le puse un par de ladrillos para que no se lo lleve el viento y para aumentar la masa térmica dentro del horno.

Aunque luego me lo pensé mejor y puse uno de los ladrillos encima, para que no se levante la tapa con el viento.

Espero que el horno solar cree un entorno ideal para que mi aloe pase un buen invierno. Un posible problema que enseguida vio mi estimada esposa es que los días de mucho calor se nos ase el aloe. Espero que la capacidad del aloe para resistir las altas temperaturas sea suficiente para no cocerse, pero habrá que vigilarlo.

Ah, y como las caléndulas estaban tan bonitas, me las traje a casa.


No hay comentarios:

Publicar un comentario