viernes, 11 de diciembre de 2015

Patatas con esfuerzo cero (o casi)

Mi objetivo para el huerto es el esfuerzo cero. Bien, seré sincera: sé que la idea del huerto cero es una utopía inalcanzable, pero como creo que todo paso en esa dirección vale la pena, me fijo esa utopía como meta.

En julio recogimos patatas rosadas en la terraza del aparcamiento y dejamos una patata en cada agujero que hicimos para sacar la cosecha, minimizando así el esfuerzo de cavar. Durante el verano no regamos las patatas y, por lo tanto no hicieron nada más que dormir. Pero en septiembre, con las primeras lluvias, las patatas despertaron y se pusieron muy hermosas. Llegaron incluso a sobrevivir las primeras heladas (esta terraza se diseñó para tener un microclima), pero finalmente sucumbieron al frío.

Esta semana cavé una de las plantas para ver qué tal la cosecha y éste es el resultado:

Producción de una sola patata con esfuerzo cero (o casi)

Al cavar, me di cuenta de que el tallo de las patatas sigue vivo, así que voy a esperar un poco para recoger el resto.

Pero, por supuesto, no me llevé todas las patatas, sino que volví a dejar una patata pequeña solitaria para ver qué pasa.

Fermosa patata aguardando su destino.

Sí, sé que las patatas no pueden estar mucho tiempo en el mismo sitio por las plagas. Creedme, no quiero repetir la gran hambruna irlandesa en el Herrén. En marzo plantaré patatas en otro lugar, pero esta patatita se quedará aquí como experimento para que yo entienda cómo funciona el Herrén.

 No cojas nada, querida.

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