miércoles, 29 de julio de 2015

El cuento de la planta de jengibre

Hace mucho, mucho tiempo (concretamente en 2014), en un reino muy lejano, vivía una campesina de mediana edad llamada la Menda Lerenda. La Menda Lerenda tenía muchas cosas: una hipoteca, una lavadora, una tierra con tubos misteriosos, una familia encantadora, un blog y un montón de cosas más... Pero le faltaba algo, aunque no sabía lo que era.

Un día, la Menda Lerenda fue a la frutería y vio un montoncito de raíces de jengibre. A la Menda Lerenda le encantaba el jengibre: el pan de jengibre, el jengibre escarchado, el chocolate... ah, perdón, el chocolate no se hace con jengibre... en fín, que la Menda Lerenda se dio cuenta de que lo que le faltaba para que su vida fuera perfecta era jengibre. Lo miró con deseo, pero estaba escandalosamente caro y la Menda Lerenda sólo tenía tres moneditas de cobre para comprar un saquito de trigo y una onza de manteca para hacerle la comidita a sus hijitos.

Pero, hete aquí que la Menda Lerenda se dio cuenta de que una de las raíces de jengibre tenía una yema abultada. "Oh -se dijo la Menda Lerenda-, si compro esta raíz y la pongo en agua, saldrá una hermosa planta de jengibre que podré plantar en mi casita y así tener jengibre para el resto de mis días." Y ni corta ni perezosa, la Menda Lerenda se gastó todo el presupuesto familiar en la raíz de jengibre.

Al llegar a casa, los hijos de la Menda Lerenda se le echaron a los brazos, gritando "Mamá, mamá, tenemos hambre." La Menda Lerenda les dijo: "Somos muy pobres y no hay nada que comer hoy. Anda, iros al bosque a hacer grafiti en alguna casa de chocolate o lo que sea que hace la gente de vuestra generación y dejadme en paz que tengo que plantar esta raíz de jengibre." Así que los niños se fueron a explorar el maravilloso mundo del Super Mario 3D World (que, por alguna razón, dejaron lleno de piedrecitas y miguitas de pan) y la Menda Lerenda puso amorosamente la raíz de jengibre en agua.

Pasaron los días y la yema de jengibre empezó a crecer y crecer. Le salieron raíces pequeñitas que empezaron a llenar el vaso. La Menda Lerenda la cuidaba mucho. Todos los días comprobaba que tenía suficiente agua y le cantaba canciones por lo bajini cuando nadie la veía.

Un día, una persona que no nombraré (la esposa de la Menda Lerenda, para más señas), se puso a limpiar la casa con tanto brío que le dio un golpe al vaso que contenía la raíz de jengibre y la tiró a través de la habitación, donde se rompió en mil pedazos. "¿Qué era eso?" -preguntó la malvada mata-plantas con fingida inocencia, mientras la pobre Menda Lerenda lloraba la muerte de su plantita.

Pero eso no paró a nuestra esforzada heroína. Ahorró y ahorró y compró otra raíz de jengibre con una llama abultada (la frutería del lugar no renovaba sus producto con demasiada frecuencia, pero nadie se está quejando, ¿eh?). La puso en un vasito y tuvo el cuidado de enseñarle a la malvada mata-plantas donde estaba y de repetirle aproximadamente mil veces al día que *no tocara el puñetero vaso, por favor*.

La yema se abultó y se abultó. Le salieron raíces pequeñitas que empezaron a llenar el vaso. La Menda Lerenda la cuidaba mucho. Todos los días comprobaba que tenía suficiente agua y le cantaba canciones por lo bajini cuando nadie la veía.

Un día, vinieron unos invitados y una persona que no nombraré pero que podemos llamar, es un decir, Karine, les enseñó con orgullo la incipiente plantita de jengibre. "La está criando la Menda Lerenda" -les dijo-, y le tiene mucho cariño. Tengo que tener cuidado porque la anterior la maté sin querer." "¿Cómo que la mataste?" preguntaron los invitados. "¿Cómo se puede matar una plantita tan bonita?" "Pues veréis -dijo la malvada mata-plantas-, yo hice así..." Y con un gran gesto de la mano, le dio un golpe al vaso que contenía la raíz de jengibre y la tiró a través de la habitación, donde se rompió en mil pedazos.

Es una historia verídica, lo juro.

Bueno, dicen que no hay dos sin tres y nuestra querida Menda Lerenda no se dio por vencida. Al verano siguiente (corría el año del Señor de 2015), la Menda Lerenda fue de nuevo a la frutería y de nuevo se encontró con un montón de raíces de jengibre con yemas. Escogió la más hermosa y la puso en un vasito. Tuvo el cuidado de enseñarle a la malvada mata-plantas donde estaba y de repetirle aproximadamente cien mil veces al día que *no tocara el puñetero vaso, por favor, pero esta vez en serio, te lo advierto, ni lo mires, ni te acerques y ni se te ocurra mentarlo siquiera*.

La yema se abultó y se abultó. Le salieron raíces pequeñitas que empezaron a llenar el vaso. La Menda Lerenda la cuidaba mucho. Todos los días comprobaba que tenía suficiente agua y le cantaba canciones por lo bajini cuando nadie la veía.

Y, voilà:



¿Sobrevivirá nuestra fermosa planta las malvadas intenciones de la mata-plantas con la que vive? ¿Renovará la frutería alguna vez su stock? ¿Conseguirá nuestra heroína bañarse en raíces de jengibre? ¡No se pierdan el próximo capítulo de "El cuento de la planta de jengibre"!


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