lunes, 8 de junio de 2015

Pequeña obra

La cosa va lenta en el Herrén: sin fogoneta y sin cámara hay poco que contar, salvo que seguimos regando y que nos han vuelto a prometer lluvia (para el miércoles) y esperamos que esta vez sí llueva.

Como no hay que desaprovechar ni un segundo, hemos decidido cerrar el habitación de nuestro hijo Javier con una pequeña pared que deje pasar la luz y la silla de ruedas pero le de más intimidad.

 Tengo una larga historia de amor con las herramientas,
sobre todo las eléctricas, desde mi adolescencia.

 El salón, antes. La cama de Javier está al fondo, oculta por el mueble de los juguetes.

 La estructura básica en pie. Es lo más difícil porque hay que
conseguir ángulos rectos en una casa vieja que no los tiene.

 Esto está chupado.

Y, TA CHÁAAAAAAAAAAAAAAN

 Murete.

Para mi niño guapo.


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