martes, 10 de febrero de 2015

Tras la tormenta

Por fin hemos podido ir al Herrén. Entre el mal tiempo y el trabajo, llevábamos ya unos días sin ir. Con el viento que ha hecho últimamente teníamos miedo de que estuviera todo destrozado, sobre todo el depósito de agua de fibra de vidrio que se rompió el invierno pasado y que hemos estado reparando con todo nuestro amor.

Así que, sin más preámbulos os presento: el Herrén después de la tormenta.


 Los caballetes y la mesa caídos.
El depósito está intacto, pero ha viajado varios metros...

Arrastrando con él las sillas de plástico. 

 Mi querido experimento de bancal de invierno está destrozado.

 Creo que hay que pasar el aspirador por la hierba.

 Los arbolitos que plantamos muestran cual fue la dirección del viento.

La reserva de ventanas para invernaderos improvisados, destrozada.

 Se cayó todo lo que no estaba sujeto...

 ...y algunas cosas que sí estaban sujetas,
como esta plancha del porche este de la cabaña, que ha desaparecido.

Y ha dejado tras de sí las piedras que en nuestra inocencia pusimos para evitar que se volara. 
(Además de eso, estaba atornillada a las barras metálicas, pero el viento se la llevó de cuajo.)


La caseta de los patos está peligrosa.

Toca trabajar.

2 comentarios:

  1. Vaya... yo iba a ir ayer al pueblito pero me dijeron que había un metro de nieve... será la semana que viene y veremos que ha pasado con el tejado del corral y las bandejas de los depósitos... cuando la naturaleza se pone brava... poderosa, poderosa...

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  2. Sí, es algo a lo que no estamos acostumbrados.

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