lunes, 15 de diciembre de 2014

Bancal de invierno

En el Herrén tenemos inviernos húmedos pero fríos y veranos calurosos pero secos. Una joya, vaya. De hecho, la flora autóctona tiene dos momentos de crecimiento al año: la primavera y el otoño. En invierno y en verano se echa a dormir.

Para mi, es como si hubiera dos herrenes: uno de invierno y otro de verano. ¿Qué hacer con una finca que tiene un síndrome de doble personalidad?

Yo veo dos opciones:

1) adoptamos el mismo ritmo que la naturaleza, centrándonos en plantas que produzcan en primavera y otoño, y simplemente sobrevivan el resto del año.

2) creamos microclimas. Para el invierno, zonas más calientes utilizando las piedras y el sol (como la terraza del nectarinero o el cementerio de los aloes, y otras terrazas en preparación) y para el verano zonas más húmedas con riego u otras técnicas.

Como somos permacultoras y nos gusta la redundancia, vamos a hacer las dos cosas. 

En el lado microclimático de la familia, tenemos la experiencia del semillero que hicimos con balas de paja y ventanas viejas. Como no me gusta la idea de plantar en un sitio para luego tener que transplantar a otro, ideé un bancal elevado permanente que estuviera dirigido al sur y pudiera tapar en invierno con ventanas pero que en verano pudiera estar completamente abierto. Además, añadí un mini-compostero de lombrices. 

El bancal tapado.

El bancal ha dado rabanitos pero libra una terrible batalla con las gramíneas y por ahora la está perdiendo. Aún así, sigo semillando y cruzando los dedos.

Tomatera espontánea (probablemente procedente de algo que tiramos al compost).

Rabanitos.

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