lunes, 27 de octubre de 2014

Receta de tupinambo

El tupinambo, o alcachofa de Jesuralén, es un tubérculo que está muy de moda entre los permacultores. Maren, que es un sol y medio, me dió algunos la primavera pasada.

 Qué monos.

Suelo desconfiar de los alimentos de moda. Tiendo a pensar que si de entre todos los alimentos conocidos a lo largo de la historia por la humanidad, sólo unos se servían en mi casa de niña, pues *por algo será*, ¿no? (Léase: soy bastante especialita con esto de la comida) Por desgracia Para mi gran suerte, me casé con una cocinera, que no me pasa ni una sola tontería y que me lleva por el mundo probando todo lo que pilla: comida callejera y agua de grifo en Marrakesh, piruletas de insectos en Quebec, borrajas en Zarzalejo y, finalmente, tupinambo.

 
Fue así, lo juro. Foto tomada de aquí.

Yo confiaba en que lo del tupinambo no llegaría a nada, porque 1) nuestros tubérculos sólo han podido sobrevivir el verano mal que bien (porque somos así de rácanas con el riego) y 2) ¿quién tiene una receta de tupinambo por ahí por casa?

Pero Fran, que es un hacha del huerto, se había llevado algunos y a ella sí se le dieron, así que se presentó con una bolsa llena. Y Karine, que tiene una biblioteca llenita de libros de cocina, anunció que tenía una receta. Y ni siquiera era de un libro tipo "Cocina feminista radical de los años 70" o "Super recetario para super guais más guais que nadie" o "Guía de supervivencia en caso de apocalipsis zombi" (adivinad cuál de estos libros sí tenemos en realidad), sino de "El Cordon Bleu, recetas caseras con patatas" (Editorial Könemann).

Bueno, pues estaban de muerte.

Así que aquí teneis la receta:

Cazuela de patatas y alcachofas de Jerusalén

Para 4-6 personas

250 gr de patatas pequeñas
500 gr de alcachofas de Jerusalén (ver nota del chef)
500 ml de leche
45 gr de mantequilla
250 gr de champiñones pequeños sin tallos (Nota de Karine: ¿pero qué pijada es ésta? Los tallos también se comen. Faltaría más)
30 gr de harina
2 cucharadas de nata de cocina espesa
1 pizca de nuez moscada

Nota del chef: a medida que vaya pelando las alcachofas, colóquelas en una fuente de agua fría con unas gotas de zumo de limón o vinagre para evitar que pierdan color. Aclare las alcachofas antes de cocinarlas.

1) Raspe la piel fina de las patatas y colóquelas en una cacerola grande con agua y sal. Llévelas a ebullición, reduzca el fuego y deje hervir a fuego lento durante 10 minutos (nota de Karine: no seas cazurro y mira de vez en cuando para sacarlas cuando estén bien hechas). Escurra las patatas y déjelas a un lado. Coloque las alcachofas de Jerusalén en esa cacerola, vierta la leche y lleve a ebullición. A continuación, reduzca el fuego y deje hervir a fuego lento durante 10 minutos, o hasta que las alcachofas estén tiernas (nota de Karine: lo que yo decía). Escúrralas y guarde el líquido.

Lucía: ¿Porqué se hierve en leche?
Karine: Para que no cojan mal color. ¿No has visto la nota del chef? Los tupinambos se quedan feos enseguida.
Lucía: Pero tú no habías cocinado tupinambos antes.
Karine: Es verdad, pero sé leer entre líneas.

Reflexión: eso es lo que es ser cocinera, saber leer entre las líneas de la receta.

2) Derrita un tercio de la mantequilla en una sartén de fondo pesado a fuego alto. Agregue los champiñones, déjelos freír durante 1 minuto, retire la sartén del fuego y colóquela a un lado. Limpie y seque la sartén con un papel de cocina y haga una bechamel con la mantequilla restante, la leche de los tupinambos, la harina, la nata (Nota de Karine: yo no le puse nata), sal, nuez moscada y pimienta recién molida (es una vulgaridad usar cualquier otra, osea).

3) Coloque las patatas, las alcachofas y los champiñones en una cacerola de barro resistente al fuego y cúbralo todo en salsa. Agite la cacerola levemente para asegurarse de que las verduras quedan bien cubiertas. Cuando la salsa empiece a hervir, retírela del  fuego, tape la cacerola, introdúzcala en el horno y déjela cocer entre 15 y 20 minutos. (Nota de Karine: le puse queso por encima para gratinarlo).

Estaba buenísimo. Los tupinambos tienen un levísimo sabor a alcachofa al principio, aunque mucho menos intenso que la alcachofa de verdad. Yo, por ejemplo, odio las alcachofas, que me saben a pasta de dientes, pero los tupinambos me gustaron. Después el sabor pasa a ser similar al de la patata y no deja regusto a pasta de dientes (es un puntito).

En cuanto a la fama del tupinambo de provocar gases... por ahora no hemos notado nada fuera de lo común, pero eso viniendo de una familia que se alimenta de lo producido en temporada en Zarzalejo, es decir, que se pasa desde octubre hasta abril comiendo brasicas.

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