viernes, 10 de octubre de 2014

La terraza del aparcamiento

Una de las conclusiones del curso de permacultura fue que no vamos a cavar en el Herrén, sino a añadir materia orgánica para crear suelo. Eso no sólo significa que el Herrén acabará siendo un enorme montón de compost, sino que además tenemos que renunciar a muchos de los métodos de gestión del agua que se usan en permacultura.

La alternativa: las terrazas o jardineras enormes llenas de suelo rico en materia orgánica que absorba el agua de escorrentía de las cuestas o de las enormes peñas.

Hemos empezado con la que de ahora en adelante llamaremos, haciendo un alarde imaginación, "la terraza del aparcamiento". Para más señas, está donde aparcamos los coches.

Era una zona gravemente afectada por la enfermedad de las vallas.

En marzo la cosa estaba bastante más verde que ahora.

Digo "era" porque, tachán, tachán.

Sin vallas.

Si os fijais, el terreno tiene una pequeña cuesta (hacia donde estaba la cámara) y a la izquierda hay un grupo de rocas. Mi estimada esposa está delante de la jardinerita del nectarinero. Éste fue nuestro primer experimento para hacer una jardinerita protegida por las rocas. La idea es hacer jardineras que recojan el agua que cae en las rocas y que estén protegidas del frío por las rocas, que acumulan calor durante el día y lo sueltan por la noche. Funciona muy bien.

Una vez elegido el emplazamiento, hay que elegir el material de construcción. Como somos unas espléndidas y el presupuesto es generoso, decidimos canibalizar la caseta de los patos.

La caseta de los patos.

Llevamos las tablas al aparcamiento.

Harry supervisa la logística.

Probamos el diseño en el propio emplazamiento y corregimos como nos pareció oportuno.

Tablas dibujando la futura jardinera.

Para sostener las tablas, colocamos dos palos metálicos (estoy segura de que tienen un nombre) a ambos lados de cada trayecto en la parte exterior de la jardinera, y uno central en la parte interior.

Trayecto visto desde fuera.

Trayecto visto de perfil. 

Fuimos colocando las tablas una a una.


Por una vez, y sin que sirva de precedente, hice algo.

Ta-cháaaaaaaaaaaan.

Fermosa jardinera/terraza.

Ahora, este emplazamiento se utiliza para hacer compost. Y cuando digo hacer compost, no me refiero a hacer compost, sino a apilar cosas varias con la esperanza de que algún día sean un sustrato suceptible de alimentar plantas. Una no está por la labor de amontonar cosas concretas, equilibrar C y N, conseguir volúmenes mínimos, voltear (¡horror de los horrores!), medir temperaturas ni nada de eso.

Troncos sobre capa de zarzas cortaditas, resultantes de limpiar la zona.

Palos, para la aerobia.

El amigo Siegfried, que es un cielo (¡¡hola, Mari Ángeles!!), nos trajo un saco de lana de oveja ecológica (los vellocinos de oro recién sacaditos del bicho) y esparcimos un poco. También nos informó de que la lana es un abono a largo plazo.

 Lana lanera cascabelera.


También echamos encima la pila de compost que hicimos en el curso de permacultura (así de paso le dimos la vuelta).

 El amigo Sigfried y yo, haciendo algo.

Y luego fue el limo que sacamos del manantial:

¿Aguantarán las tablas?

Ahora a esperar que se asiente y a ir pensando en qué vamos a plantar el año que viene.

2 comentarios:

  1. Sintonizo totalmente con tu forma de ver el compost. Creo que esa jardinera va a funcionar estupendamente. Yo hice algo parecido el invierno pasado sujetando el terreno con maderas y piedras y planté un almendro. En el agujero voy echando más desperdicios y ahora hay plantas de patata y calabaza.

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    1. Sí, yo tengo idea de plantar un par de árboles porque necesito cortavientos en esa zona y quiero algo frondoso que deje caer muchas hojas que se pudran fácilmente. Quizás también plante un árbol productivo en la zona más cercana a la piedra. Y luego quizás esparragueras y en cuanto a anuales, ya se verá.

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