miércoles, 28 de mayo de 2014

La largamente esperada entrada sobre el curso

Han sido unas semanas de locura preparando el curso y luchando contra los elementos. Durante la semana anterior al curso nos pasó esto:

- se nos pinchó una rueda de la fogoneta
- nuestro hijo Javier se puso enfermo y tuve que dormir sentada con él para que pudiera respirar por la noche y quedarme en casa cuidándolo durante dos días
- se nos pinchó otra rueda de la fogoneta
- conseguimos arreglar el depósito que alimenta a la quesería y llenarlo por fin de agua, pero seguía sin haber agua en el fregadero
- el nuevo depósito que alimenta la cabaña y el váter (!) empezó a vaciarse sin motivo aparente.

Después de gastarnos un riñón cambiando las ruedas de la fogoneta, encontrar y reparar la fuga que estaba vaciando el depósito, enviar al niño al cole con un paquete de pañuelos y unas palmaditas en la espalda y aceptar que no habría agua en la quesería, pudimos dar la bienvenida a Sergi y a los participantes con una sonrisa.

 
 El anfiteatro de balas de paja y una general de los participantes. Sergi (con sombrero y gafas) a la izquierda. Servidora (con sombrero y trenzas) a la derecha de Sergi.


Participantes preguntándose cuándo dejaré de hacerles fotos.

Muy interesados por lo que dice Sergi.

Mi amiga Fran, que es un cielo.

Aquí parece que ya empezábamos a tener hambre.

 Sergi es un profesor excelente, tranquilo y pausado, buen comunicador.

 Aquí Sergi moviendo elementos de una finca para ver sómo se relacionan.
Los elementos, muriéndose de risa.

Me sorprendió que muchas personas decidieran quedarse a dormir en el Herrén a pesar de que yo les había avisado de la falta total de comodidades e incluso infraestructuras propias de un país desarrollado. Como no hay mucho sitio donde aparcar en la finca, algunas personas tuvieron que dejar el coche en el camino y  montar con otra gente en su coche.

Aún así, jamás ha habido tantos coches en el Herrén.

Mi estimada esposa se encargó del cátering y así de bonita nos puso la mesa:

Gracias, Cristina, por prestarnos las mesas y las sillas.

El primer día, haciendo cola para el buffet de ensalada:

Hacía un sol de justicia.


Se quedaron seis niños a dormir en el Herrén.

 No puedo resistir la tentación de poner esta hermosa foto de mi hija.




El buffet. El pan y el queso los hizo mi mujer.
Sergi trajo un queso de cabra riquísimo que hace una vecina suya.


¡Menos mal que alguien trajo vino!

La conversación fue muy agradable.



Aquí servidora (a la izquierda) examinando la consuelda con una participante.


Los niños nos dejaron tranquilos y se fueron a subir esta peña.

Por la tarde, nos repartimos por el Herrén en grupos de tres personas para hacer un diseño de la finca.

La fogoneta aprovechó esa tarde para no arrancar. Por supuesto. Todavía está en el taller.

Esa noche pasamos un frío de narices. Yo ya había avisado a todo el mundo de que las temperaturas bajan mucho por la noche en el Herrén, pero ni yo estaba preparada para el frío que hizo esa noche. Me llena de admiración por las plantas que consiguen, no sólo sobrevivir, sino prosperar en este clima.



Al parecer no hice una foto de las tiendas de campaña (aunque juraría que sí), por lo que pongo una foto de Sergi muy mono con su sombrerito.

A pesar del frío, conseguimos dormir algo y nos levantamos con ánimos renovados.


Los niños, dando cuenta del buffet de desayuno.

La mesa de desayuno y los desayunantes, aún con frío.

Después de un breve paso por el anfiteatro, salimos a hacer una pila de compost. Descubrí que lo que yo llamo "compost" no es compost, sino "una pila de materia orgánica en un rincón del jardín".

Un montón de compost se hace así:

Abajo, ramas para que el montón esté bien oxigenado.

Por encima, paja del gallinero (con cagaditas).

La pila va subiendo.

Estiercol de cabra.

La pila sigue subiendo.

Recortes de hierba.

Algunos valientes probaron a cortar con la guadaña.

La gente examinando mi montón de materia orgánica en un rincón del jardín
(antes llamada "compost") e intentando no morirse de risa.

Después añadimos tierra y, finalmente paja.

Se supone que va a alcanzar temperaturas dignas de un horno y que en unos seis meses tendré compost. Eso si no me lo cargo yo antes, claro.

Otar actividad fue hacer esquejes:

Sergi, dando una teórica.

Manos a la obra.

Después, comimos cuscús con una harissa riquísima que trajo Carmen (¡Gracias, Carmen!) y que picaba cosa fina. La gente se fue, dejándonos agotadas, pero felices y con el frigorífico lleno de comida y la quesería llena de botellas de agua de 5 L.

Y ahora un pase de modelos de sombreritos:

El modelo Jane Austen.

El modelo Campesina.

El modelo República Bananera.

El modelo Pamela.

 El modelo John Austen.

 El modelo Etnia.

 El modelo Tengo-12-años-y-si-no-tiene-batería-no-me-interesa.
 El modelo Regalo del Maxcoop.

 El modeloVisera.

Sergi, que es un sol, me dejó un montón de platones diversos:

¡Yujuuuuuuuuuuuuu!

Y muy pronto, "Lo que aprendí en el curso de permacultura".

2 comentarios:

  1. Releyendo vuestro blog he visto el estupendo pase de sombreros del curso :D Buenísimo! Un abrazo grande, me encanta todo lo que escribes!

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  2. Gracias, Sergi.
    La verdad es que cuando miré las fotos del curso me di cuenta de que los sombreros predominaban y, en fin, algo tenía que hacer con tanta foto.

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