jueves, 20 de marzo de 2014

Planté el árbol de Navidad

Hace casi veinte años que mi mujer y yo compramos un árbol de plástico para Navidad el Solsticio de invierno y desde entonces lo hemos sacado año tras año. El motivo por el que nos decidimos por un árbol de plástico, a parte de que por aquel entonces vivíamos en el centro de Madrid y no teníamos ni un triste balcón donde poner una maceta, es que los árboles vivos que se venden para estos menesteres vienen con las raíces fatal y suelen morir rápidamente: si consiguen sobrevivir el cambio de temperatura que implica pasar de una casa con calefacción al exterior en pleno mes de enero, se mueren simplemente por que no tienen suficiente raíz.

Pero este año, mi mujer y mis hijos se revelaron y exigieron un árbol vivo. Allí fui yo de centro de jardinería en centro de jardinería buscando algo que pudiera dar el pego. Los árboles de Navidad que me ofrecían eran abetos azulados plantados para la ocasión pero 1) no me gustan las coníferas 2) odio especialmente los abetos 3) en a parte de arriba no tienen casi densidad 4) son feos 5) pinchan 6) ¿azul?? ¿por qué?? 7) tras presionarlos gentilmente, los de los centros de jardinería confiesan que los árboles no han tenido tiempo de hacerse a la maceta y que era probable que muerian y 8) son carísimos.

Por el mismo precio, compré esta picea:


 Después de aguantar durante unos días las decoraciones, la picea por fín llega al Herrén.

No la planté inmediatamente, le dejé un tiempo para aclimatarse al frío, tiempo que empleé en dedicir dónde la ponía.

¿Qué hacer con una conífera? No se puede plantar nada debajo, se hace enorme y ancha por la parte de abajo, comiéndo muchísimo sitio, da una sombra densa que a las otras plantas no les gusta, en fin, una joya. Su mejor uso es de cortavientos, aunque tiene que ir atenuada por otras plantas, por que forma una barrera tan tupida que puede provocar remolinos más lejos.

Mi primera idea fue plantarla en el borde del Herrén, donde necesito cortavientos pero 1) es probable que muera dejada a su suerte y jamás iré a verla si la planto lejos de la cabaña, 2) quiero centrarme en la zona 1 por ahora, 3) no quiero hacer nada en las otras zonas hasta tener mi plan permacultor de la finca.


El Herrén. Haz clic en la imagen para verla más grande.

Entre la cabaña (25) y el gallinero (20) hay un pasillo que está justo en la dirección del viento, así que se forma un "pasillo de viento" terrible que lleva el viento directamente al huerto (24). Quiero plantar árboles y arbustos en esa zona para frenar el viento, pero al mismo tiempo necesito dejar paso por que ése es el principal acceso al huerto y la cabaña desde la zona de aparcamiento (que es el espacio entre la cabaña (25) y la valla que separa el campo del aljibe (16)).

Decidí plantar la picea a lo largo de esa valla, en la zona cercana al gallinero, al final de la peña en la que constuí la jardinera de piedra.

 La jardinera de piedra a la derecha y el hoyo para la picea a la izquierda. El montón de ramas del medio son las zarzas que tuvimos que quitar para hacerle sitio a la picea.

Arrancamos las zarzas de esa zona y encontramos un rosal silvestre que queremos conservar. También encontramos una piedra y decidimos plantar la picea a su lado, de forma que el agua que caiga en la piedra alimente a la picea.

La piedra.

 Y aquí vista más de cerca, con el alcorque permacultor y la rampa para recoger agua del prado superior.

Para que la picea tenga suministro de agua hicimos un alcorque permacultor justo debajo de la piedra. recogerá el agua de lluvia que caiga en la piedra, pero también el del plano de arriba, ya que le hemos hecho una pequeña rampa que dirigirá el agua al alcorque.


El alcorque permacultor visto desde arriba.

Llegó el momento de plantar la picea y qué desilusión. Mirad qué raíces tan malas tiene. Y eso es un árbol diseñado para sobrevivir, imaginad las ráices de los árboles diseñados para ir a la basura después de las fiestas.


Raíces bastante decepcionantes.


 El árbol plantado:
 
Queda bastante bien, para una conífera.

Después llegó el momento de probar el alcorque. Tengo un método supertecnológico para determinar si una zanja está a nivel: se echa agua y se ve cómo se reparte. Si se reparte equitativamente por la zanja, está a nivel.


Está a nivel.

 Y luego, a cortar las ramitas de la zarza ahí mismo para que acolchen el suelo.

 Este tipo de trabajo me relaja muchísimo.

Así de mona voy al Herrén.

2 comentarios:

  1. Me encantas. Tu, tu forma de escribir, tu terrenito y tus trucos.
    Te sigo cotilleando las hijas plantas bonita.

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